No es el instrumento para la transformación.

Desde que asumió la presidencia, Andrés Manuel López Obrador ha sido contundente en llevar a cabo lo que considera “grandes transformaciones” en el país. Recién arrancado el gobierno, se vio enfrascado en una ruda y peligrosa batalla contra los ladrones de combustible, llamados en el argot mediático “huachicoleros”, cuyo saldo si bien indirecto, pero muy lamentable, fue la muerte de más de 80 personas, quienes se disponían a extraer combustible de una tubería perforada para tal efecto, y la cual hizo explosión, aquél fatídico 18 de enero de 2019, en la localidad de Tlahuelipan, Hidalgo, apenas un poco más de un mes después de iniciada la gestión actual.

Posteriormente, sin dar tregua al adversario (que en este caso tiene múltiples formas, ora conservador, ora pobreza, ora atraso, ora medios, etc.) el presidente emprendió en 100 días acciones de gobierno que marcaron una distinción profunda, de cualquier otro de los llamados “gobiernos neoliberales”, del periodo del mismo nombre (1983-2018):

  • Becas para jóvenes que no tienen estudio ni trabajo (Programa “Jóvenes Construyendo el futuro“).
  • Apoyos para adultos mayores de (programa 68 y más).
  • Apoyo a personas con discapacidad.
  • Plan de rescate de PEMEX y CFE.
  • Anuncio de la cancelación de las obras del “Aeropuerto de Texcoco”.
  • Arranque del de “Santa Lucía”.
  • Licitación del “Tren Maya”.
  • Programa para desarrollar el “Istmo de Tehuantepec”.
  • Austeridad republicana.
  • Entre otras medidas de hondo calado, que en sí mismas ya representan un antes y un después en la instrumentación de políticas públicas de índole muy distinta a las que se venían ejecutando en México.

Si bien la sociedad está en cierta medida al tanto del debate y de la discusión pública, gracias -entre otras- al esfuerzo titánico del presidente por llevar dicha discusión hacia las bases por medio de las conferencias de prensa matutinas apodadas “las mañaneras”, quedan vacíos grandes aún, en donde ni siquiera las redes, mucho menos el gobierno (la burocracia), podrían organizar a la sociedad en torno a la dinámica de los nuevos tiempos, y hacerlos partícipes de la toma de decisiones y de la discusión, en el acompañamiento al proyecto de la llamada “Cuarta Transformación”.
Es decir, el vínculo entre gobierno-sociedad, que podría haber sido el partido/movimiento, y el cual, entre otras, tendría que haber organizado ya cuadros suficientes, competentes y desarrollados para servir como enlaces o “correas de transmisión comunicantes”, no sólo es inexistente, sino que además, el esfuerzo político de concientización, previo a la elección de 2018, resultó dilapidado.

Se desaprovechó el trabajo que llevó a la construcción del partido al desaprovechar la coyuntura o _momentum_ político en el cual mantendríamos un proceso creciente de politización permanente, y cada vez mayor de la sociedad. Se derrochó por omisión de sus miembros, la confrontación interna, la adopción de prácticas externas, entre otras causas.

Muchos de quienes trabajaron para la construcción del partido/movimiento en vísperas de la elección, y mucho atrás, al ver la posibilidad de encontrar y colocarse en un espacio en la administración pública y obtener el famoso “hueso“, una vez logrado el triunfo, colmaron su ambición abalanzándose a puestos, posiciones, sueldos, y dejaron así, sin más, abandonado el trabajo de concientización del pueblo, ese trabajo que aún con las muchas simulaciones que se dieron, llevó al triunfo a nuestro movimiento el pasado 1 de julio de 2018.

La lucha intestina que se llevó a cabo por la dirigencia; (lucha que temo se reanimará una vez pasada la crisis del coronavirus) fue otro de los factores que impidieron aprovechar el caudal político y social desbordado que se manifestó las pasadas elecciones federales. Se perdió tiempo valiosísimo entre querellas en tribunales, torpedeos internos, maniobras de elementos detractores incrustados al interior del partido, que sólo propiciaron su desvencijamiento, con la mirada atónita de una sociedad que confió y creyó en sus siglas. No es de a gratis que el presidente al ser cuestionado referente al conflicto interno espete abruptamente y con desprecio la sentencia “no me meto en politiquería”, no sin evidenciar en su lenguaje corporal cierta repugnancia y desencanto a la vez.

Por último, pero no menos importante, la llegada de “elementos exteriores” al partido influyó demasiado para que, en gran medida, se perdiera “la mística de trabajo” que militantes de carne y hueso imprimieron al quehacer político de nuestra organización. Recuerdo muy bien cuando recién se formaba esto, cuando se planteaba como un experimento político y no había por tanto ninguna claridad ni certeza de éxito futuro, muchos de manera desinteresada y generosa, decidimos imponer nuestro esfuerzo y energía en la construcción del movimiento. Horas de trabajo entregando volantes para invitar a la reflexión, debatiendo, luchando verbalmente, convenciendo, aguantando de todo: burlas, vituperios, pleitos familiares, pero sin menoscabo de nuestro propósito, porque era más la esperanza de que el país cambiara y de que para ello, tendríamos que trabajar para llevar al triunfo al ahora presidente. Cuando vinieron los “externos”, la mayor parte del trabajo de construcción estaba realizado, por tanto, muchos de ellos no tuvieron que batallar para posicionar al movimiento entre la sociedad, y de manera inconcebible e injusta, fueron colocados en las más altas posiciones, alejados de las bases, y sin la empatía suficiente para comprender el trabajo previo y la lucha constante y decidida. Con el agregado de que ellos ya traían su “escuela política” con la cauda de usos y costumbres inveterados que difícilmente los llevaría a experimentar dicha “mística”, privándolos así de un amor y sujeción desinteresado y real al proyecto. Una vez vislumbrado el triunfo, la mayoría externa, así hay que señalarlo, vinieron por mero interés.

El presidente López Obrador actúa con denuedo, decisión y firmeza; confronta adversarios (como el los denomina) que un día sí y otro también intentan socavar y frenar la acción transformadora del gobierno. Morena en cambio, está ausente del debate, no figura ni siquiera como brazo político de defensa del proyecto, ya no digamos como órgano de promoción de debate e ideas. El “Frankestein electoral”, (como muchos lo clasifican) en lo que se convirtió nuestro partido en 2018, está evidenciando las deformaciones congénitas ahora que existe un contexto de crisis profunda. El debate está ausente, y se limita a la supuesta formación de carácter academicista que no tiene el menor indicio de ser la construcción de un movimiento social, sino una cátedra de escolástica, donde un profesor dicta y el alumno escribe, pero sin impacto real en la sociedad. Duele decirlo, pero en las actuales circunstancias, morena quedó desfasado y fuera de la agenda política requerida para confrontar los enormes retos para el gobierno de la Cuarta Transformación.

El 2020 nos deberá dejar muchas lecciones, y una de ellas, es que el tiempo para la transformación no es eterno, los momentums de los cuales está conformada la historia, son efímeros y así como llegan así se van. Debemos de volver a la “mística de trabajo”, y echar andar la maquinaria para reintroducir nuevamente la politización social, y dejar de pensar en morena solo como un instrumento para llegar al poder, de lo contrario la historia nos juzgará.

Sergio Barbosa Garcia

Por Sergio Barbosa Garcia

Miembro fundador de MORENA.

3 comentarios en «MORENA lejos de la Transformación Social.»

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