Sócrates desconfiaba de la democracia. Y esa desconfianza se la transmitió a Platón, el cual a su vez se la transmitió a Aristóteles.
Ellos preferían un sistema como la monarquía, o la aristocracia. Porque temían que la democracia fuera dominada por los idiotas, y terminará en demagogia. El problema es que la monarquía puede terminar en tiranía. Y la aristocracia, en oligarquía.

Socrates, Platon y Aristoteles

En el mundo occidental, esto último fue el problema. Se formó una aristocracia, que terminó siendo una oligarquía. Y no me refiero solo a un entramado de empresarios. Abarcó todo, desde el mundo deportivo y cultural, hasta el mundo militar en muchos países.

Obvio, lo anterior provocó un gran problema. Porque no se puede vivir en una democracia, mientras una oligarquía es la que predomina. Porque en los últimos años sucedió algo que iba en contra del espíritu de la democracia: aumentó la pobreza, y la desigualdad. Y cuando habló de desigualdad, me refiero no solo a la desigualdad económica. Me refiero a la desigualdad de oportunidades, desde académicas hasta laborales, no se diga para poder aspirar a un puesto de gobierno.

¿Cómo defender a la democracia, si ésta aumentaba el número de pobres? El dilema era tal, que organismos como la OCDE y el FMI dieron la voz de alarma. Porque vieron que este dilema abonaba el terreno para la llegada de “populistas”: Trump en los EUA y AMLO en México, por poner algunos ejemplos. Un “populista” de derecha y un “populista” de izquierda. Según ellos, aclaró.

AMLO y Trump

Pero el principal problema en ambos países era simple: era luchar contra la desigualdad. Porque en una democracia, se supone que todos somos iguales, y todos tenemos las mismas oportunidades. De no ser así, vamos a tener problemas. Lo que está ocurriendo en los EUA es la prueba palpable de los anterior. La democracia más grande del mundo, y la más antigua de la historia moderna, se halla en problemas precisamente por la gran desigualdad que hay entre sus ciudadanos. Puedes nombrarlo racismo, clasismo, elitismo: el resultado es el mismo. Desigualdad. Algo incompatible con la democracia.

En México, la antigua oligarquía, en unión con algunos aspirantes a formar parte de esa oligarquía y muchos despistados, también se manifestaron. La diferencia entre los EUA y México fue simple: mientras en los EUA reprimen a los manifestantes, aquí hasta se le invita a la oposición a manifestarse. Porque es un excelente ejercicio democrático.

Pero ¿qué posibilidades tienen de ganar? Veamos: acusan al gobierno de ser “comunista”. Pero eso solo es un ardid porque no lo pueden tachar de corrupto. A algunos miembros, sí. Al gobierno en su conjunto, no. Por algo muy simple: porque el gobierno solo está pidiendo lo que por ley le corresponde. El gobierno se fue contra los evasores de impuestos; contra los que lavan dinero; contra los que hicieron contratos con el gobierno, recibieron el dinero, pero no cumplieron con dichos contratos. No he escuchado decir a nadie que el gobierno esté persiguiendo a un “inocente”. En lo más mínimo.

Y todavía mejor: si el interfecto se siente “afectado”, tiene todo el derecho del mundo a usar la justicia para demostrar su punto. Si termina perdiendo, aún en un sistema judicial tan corrupto como el mexicano ¿qué nos indica eso?

Y ese dinero que recibe el gobierno, lo está utilizando para dar oportunidades a los más desfavorecidos. Porque existe una teoría más que probada de Joseph Stiglitz, premio Nobel de economía: el 90% de los pobres no pueden salir de pobres, no importa que tan listos o que tan trabajadores sean. Y el 90% de los ricos permanecen siendo ricos, no importan que tan flojos o idiotas sean. Porque algunos cambiaron el antiguo sistema de la posguerra a un sistema que parece “democrático”, pero que realmente protegía a una oligarquía.

Así que, muchos ven con malos ojos que no se privatice la salud, o la educación, o, como dijo José Saramago, que privaticen todo, hasta “la madre que los parió”. Pero precisamente en un sistema que privatiza todo, pero que disminuye el poder adquisitivo de las personas, el resultado es inexorable y tiene solo un nombre: pobreza. Y el resultado de esa pobreza también es inexorable y tiene un solo nombre: desigualdad.

De nuevo ¿Cómo justificar que la democracia provoque pobreza y desigualdad? Así que medidas para repartir parte de la riqueza que todos, TODOS, generamos, en forma de programas de bienestar social, son precisamente para paliar esa pobreza, disminuir esa desigualdad, y lo más importante: fortalecer la democracia.

Y sí: a muchos puede no gustarles. Pero en una democracia, pueden poner a sus candidatos y sus programas, y tratar de convencer a los demás de las bondades de sus propuestas. Pero si pierden, lo que no pueden aducir es que la gente sea “tonta”.

Porque un estómago vacío es un mal consejero. Y si ustedes ayudaron a que esos estómagos estuvieran vacíos ¿pueden entender el por qué sus propuestas no “prendan” como ustedes quieren?
Gracias.

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